Después de De dónde venimos los cholos, en 2017, el periodista Marco Avilés escribió No soy tu cholo: una recopilación de testimonios bastante crudos acompañados por las confrontaciones del autor. El libro desborda sin ambages la realidad tan profunda y centenaria que sufren "los marrones" con el racismo dentro y fuera del Perú. Para los incrédulos y pasivos testigos de este mal, quizás esto pueda debilitar su discreción.
Salón de clases
Una mujer que conducía borracha le gritó a la policía que intentó arrestarla:
Idiota, imbécil, india de mierda. Porque eso es lo que eres, una india. Idiota de quinta categoría, chola de mierda. Chola asquerosa, de Huallanquina, seguramente.
La agresora se llama Ana Videla, tenía treinta y siete años y, tras alcanzar repentina popularidad en las redes sociales, un juez la envió a la cárcel por cinco meses. La ciudad donde ocurre esta historia es Lima, y aunque parezca un fresco típico del atraso peruano, no lo es. Que ahora te manden a la cárcel por racista es un adelanto.
Todo cholo es un superviviente de esta máquina de maltrato. El actor Reinaldo Arenas recuerda que, en la escuela donde estudió, ser cholo era igual o peor que ser un animal. "Ir al colegio era un martirio, era como ir al inferno", dice en un vídeo que circula en YouTube. Sus compañeros lo llamaban serrano, guanaco, llama. "¿Qué hace una vicuña acá en la capital?", le reclamaban mientras lo golpeaban.
Quien ha sido vejado de esa manera sabe que el alivio no llega cuando acabas la escuela. Todo el país puede funcionar como un salón de clases. No importa cuánto hayas estudiado ni cuánto hayas escalado ni cuánta autoridad tengas ahora. Muchos querrán seguir tratándote como al serrano de mierda que antes podían humillar sin recibir castigo. La diferencia es que ahora, si te humillar, puedes mandar a esos desadaptados a la cárcel.
El congresista más limpio
El congresista Carlos Tubino llamó "sucios", "mugrientos", "mal vestidos" a sus colegas de izquierda. Una de las aludidas apellida Huilca y es hija de un obrero. Otra apellida Mendoza y es hija de un maestro del Cusco. De todos los insultos que el diccionario le ofrece, ¿por qué Tubino elige lo palabra "sucias" para atacarlas?
Llevemos al congresista al laboratorio de las ciencias sociales. Ahora él es una ranita en nuestra mesa de trabajo. Abrimos aquí, cortamos allá, sacamos el cerebrito. A ver. La "suciedad" es un rasgo distintivo del viejo discurso oligárquico, dice el sociólogo Guillermo Nugent, en su libro El laberinto de la choledad. En el mundo no tan antiguo de las haciendas, el patrón era el señor inmaculado. Los cholos —sus siervos— eran los cochinos.
Tubino, el limpio, es un nostálgico de ese pasado. La misma obsesión retro y racista se esparce en millones de hogares a través del personaje de televisión La Paisana Jacinta. Ella es una campesina indígena perdida en la ciudad. Anda despeinada, nunca se cambia de ropa y tiene los dientes podridos. Los vecinos tropiezan con ella y se tapan la nariz. A veces hasta le dicen: "Oye, paisana, apestas a pezuña, animal. El programa es cómico. Muchos peruanos disfrutan al escuchar ese guion.
El congresista Tubino fue oficial de las Fuerzas Armadas y recuerda con cariño el mundo paralelo de los cuarteles, donde las normas —sus normas— se respetaban. ¿Cómo trataba entonces a los soldados "sucios", a los cholos? ¿Los mandaba a bañar? ¿Los mandaba a la mierda? ¿Los echaba a patadas?
Para los que todavía se creen "señores", los cholos seguimos siendo sus "siervos" y cada tanto intentarán disciplinarnos, mandarnos a bañar. No importa que ahora estemos mejor educados que ellos. Por definición, los racistas son incapaces de advertir su propia suciedad.
Un trhiller andino
Una mujer que cargaba una bolsa le dijo "chola de mierda" a otra mujer que cargaba a un bebé. Ocurrió en una tienda de ropa. Según los testigos, la primera le pegó con la bolsa al hijo de la segunda.
La hoja de vida de la agresora es una paradoja de thriller. Fue consultora en las universidades ESAN y Alas Peruanas y ahora es directora de "un emprendimiento tecnológico orientado a reducir las brechas de género en el ambiente digital y tecnológico, para empoderar a la mujer a través de mayor acceso a la educación". O sea: la persona que dice defender a su género en el mundo digital luego baja a tierra y se vuelve enemiga de otras mujeres.
Los agentes de seguridad de la tienda no intervienen durante la pelea. La agresora se marcha a casa. La agredida también. La policía nunca aparece. Alguien graba un video. El hecho genera un hipo de indignación en el mundo virtual: insultos para una, solidaridad con la otra. Al día siguiente es el Día del Cebiche, Messi sigue sin hacer goles, PPK recibe sus credenciales como nuevo presidente del Perú. Y ante el espectáculo efímero de las noticias, los peruanos seguimos sin enfrentar lo importante, lo que nunca cambia. Ninguna autoridad es diligente ante la violencia racial. Ni la Policía ni el Ministerio Público ni el Ministerio de Inclusión ni el Ministerio de la Mujer. La agresora vuelve a ser una emprendedora orientada a reducir las brechas de género. La agredida vuelve a ser "una chola de mierda".
El héroe de este thriller podría ser un periodista. Ahoga su madrugada en café y tiene la adrenalina al tope mientras se prepara para encarar esta historia. Planifica las escenas que saldrá a reportear. Se presentará en la conferencia del presidente electo, y cuando todos se maten por averiguar quiénes serán sus ministros, él o ella levantará la mano para preguntarle al peruano mis poderoso si acaso leyó sobre el incidente en la tienda o si vio el video y qué piensa hacer al respecto. ¿Qué hará con todos aquellos que seguirán llamando «cholos de mierdas a los inmigrantes, a los que no somos blancos, a los que venimos de lejos?
¿Ese periodista existe?
Color puerta
Una chica "color puerta" insulta a otra persona llamándola "color puerta". Ambas asisten a una universidad privada, de esas que tienen espíritu de centro comercial: los baños tienen aromatizador, pero las bibliotecas carecen de libros. En ese modelo educativo, los estudiantes reciben tratos de clientes y, por el solo hecho de pagar, muchos se confunden y asumen la clásica actitud de señores.
La chica que insulta añade: "Hablo de serranos como tú".
La sierra es una región hermosa, pero en la mentalidad confundida de los señorcitos" se trata de una lepra, una región podrida que solo produce huaicos y serranos. ¿Cuántos ministros, congresistas, empresarios, ciudadanos nos educamos en esa asociación patológica y actuamos en consecuencia?
¿Provinciano? ¿Serrano? ¿Cholo? ¡Qué asco!


.jpg)

0 Comentarios